¿Universidad o entrenamiento laboral? ¿Cuál elegir?

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Cuando yo terminé la escuela secundaria en 1988, la universidad era la única opción posible a considerar. Todavía existía el deseo paterno de lo que en Argentina llamamos «M’hijo el dotor», es decir la obligación de los hijos de una familia de clase media de conseguir un título universitario.

Por supuesto que en la disparatada economía argentina, los padres hubieran hecho bien en preferir un hijo plomero o electricista, en lugar de un arquitecto, un abogado o un sociólogo. Pero, es difícil cambiar los estereotipos.

En este artículo comparamos brevemente las dos experiencias de aprendizaje y comentamos algunas opciones de entrenamiento onlne.

Desde los Estados Unidos, donde la educación universitaria es cara, no garantiza acceso laboral y muchas veces significa deudas para el resto de la vida de los estudiantes, se empezó a cuestionar este tipo de educación superior.

En Argentina, donde existe un sistema universitario gratuito y de ingreso irrestricto, el problema es otro. Aulas superpobladas, contenido obsoleto o desconectado de la realidad, alta politización de los profesores y estudiantes, problemas gremiales, horarios de cursada incómodos, falta de material de estudio en condiciones, etc.

No conozco en profundidad el caso en España y el resto de los países de América Latina, aunque escuché que en Chile piden un sistema como el argentino (¡Qué Dios los ayude si se les cumple!). Supongo que la situación debe estar en algún punto intermedio entre Argentina y Estados Unidos

Otras formas de formación

Durante mucho tiempo, el mecanismo básico de formación laboral fue el aprendizaje. Un niño era acogido por un artesano y a cambio de ayudarlo en sus tareas era instruido en los secretos de la actividad. Cuando el maestro consideraba que el aprendiz estaba listo, este debía acudir ante el gremio (algo así como los colegios profesionales de la época) y demostrar su destreza cumpliendo con la tarea asignada.

Es cierto que existían escuelas y universidades. Pero, para los que querían dedicarse a actividades prácticas, la teoría se limitaba a las herramientas necesarias para el trabajo.

Con la aparición de los servicios de correo, surgió una forma de educación: los cursos por correspondencia. Por comentarios que tengo de gente mayor parece que eran bastante completos. En Argentina había una muy famosa que se anunciaba en las revistas de historieta. Ofrecía tanto capacitarte en reparación de radios y televisores como convertirte en detective o grafólogo.

Por otra parte, surgieron institutos terciarios en donde en uno o dos años podías capacitarte en secretariado comercial, operación de computadoras o teneduría de libros. Los graduados (al menos en Argentina) obtenían trabajo y buenos sueldos fácilmente. Sueldos que les permitían tomar un taxi manejado por un arquitecto sin lugar en su profesión.

En el caso de la industria informática, las diferentes empresas y organizaciones crearon centros de formación para capacitar en el uso de sus productos y otorgar títulos que certifiquen la aptitud de los graduados en la utilización de esas herramientas. Dichas certificaciones son muy valoradas a la hora de la contratación por compañías que utilizan los productos. Dentro del mundo del software libre, otorgan certificaciones, por ejemplo; Linux Foundation, Red Hat, The Document Foundation (LibreOffice) y Oracle entre otras. Tambien se usa este sistema en el mundo del software privativo. Por ejemplo lo hacen Microsoft y Adobe.

Aunque parezca lo contrario, no estoy emitiendo opinión sobre las conveniencias de un sistema sobre el otro. En la próxima página vamos a comparar los resultados obtenidas por quienes eligieron uno u otro método de aprendizaje.

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