Trump, Twitter y la fundadorcracia

Editorial

El siglo XXI se está convirtiendo en una de las novelas de George Orwell. Falta decidir si será 1984 o Rebelión en la Granja.

Mientras que la primera habla de un mundo donde la vigilancia del líder máximo es omnipresente y el pasado se cambia de acuerdo a las conveniencias del futuro, la segunda cuenta como los animales de la granja se liberaron de la tiranía de los humanos para caer en una tiranía peor, la de los cerdos.

En la década del 90, muchos creíamos que se venía una era de libertad y democracia. La caída del muro de Berlín prometía que todos podríamos vivir en donde quisiéramos. Internet garantizaba el derecho a la libre expresión. Cualquiera de nosotros que tuviera una computadora podía llegar a una cantidad de lectores igual a la de los grandes diarios o hacer un programa que tuviera records de audiencia.

Apareció una nueva raza de personas. Los fundadores.

Los fundadores tenían una idea genial para un servicio novedoso basado en la tecnología. Conseguían inversores y maravillaban a los usuarios generando prosperidad y felicidad para todo el mundo. Se volvieron referentes, los políticos competían por sacarse fotos con ellos y los jóvenes dejaban la universidad para seguir sus pasos.

Y, entonces, llegó el 2020.

En las empresas de los fundadores los trabajadores no están felices con las instalaciones para jugar videojuegos o los bares de jugo gratis. Preferirían mejores sueldos, protección contra el acoso y más tiempo para estar con sus familias. Los accionistas observan como los dividendos prometidos nunca llegan y los usuarios descubren que esos fabulosos servicios gratuitos de repente dejan de estar disponibles o no eran gratuitos. El pago se hace con la moneda de la información personal.

Lejos de ser la renovación del capitalismo, las prácticas de los fundadores recuerdan las peores prácticas que derivaron en la creación de las leyes antimonopolio.

Veamos algunos casos:

  • Google fue denunciada por privilegiar sus propios productos en los resultados de búsqueda.
  • Microsoft y Mozilla denunciaron que Google reducía o impedía el rendimiento de sus productos en navegadores que no fueran Chrome.
  • El gobierno norteamericano investiga si Amazon exige comisiones abusivas a las empresas que venden sus productos usando sus portales.

Trump salió a cazar pajaritos

Hace tiempo que el poder político tiena en la mira a las empresas tecnológicas, y están esperando cualquier metida de pata para poder controlarlas. Esta semana Twitter pisó la cáscara de banana.

En un estado gobernado por el partido Demócrata adoptaron el sistema de voto por correo. El partido Republicano (al que pertenece Trump) tiene objeciones. Trump decidió hacerlas públicas en la red social.

Twitter editó primero y censuró después dos mensajes de Donald Trump. En el primer caso decidió editar el mensaje y agregar un link que decía “Obtén los hechos sobre el voto por correo”. En el segundo caso decidió directamente ocultar el mensaje y agregar la siguiente leyenda: “Este tweet incumplió las Reglas de Twitter relativas a glorificar la violencia. Sin embargo, Twitter determinó que puede ser de interés público que dicho Tweet permanezca accesible”.

En lo personal, creo que la libertad de expresión en una democracia es un derecho absoluto. Por supuesto, que el perjudicado por una mentira tiene el derecho a accionar legalmente y a una reparación.

Por otro lado, lo peor que se puede hacer con una mentira es censurarla. Las mentiras son como los vampiros, crecen en la oscuridad y se desintegran con la luz del sol. Si alguien publica una mentira la mejor forma de desmentirla es publicar la verdad.

No me gusta Donald Trump, pero es un presidente elegido democráticamente y una red social no puede censurarlo ni opinar sobre lo que dice. Al menos, mientras siga pretendiendo ser una red social y tener los beneficios y protecciones legales que eso conlleva.

Si quiere tener un control sobre el contenido que empiece a pagarnos a quienes lo producimos. Si no que deje publicar a los usuarios lo que estos deseen; incluyendo insultos y mensajes de odio. Los propios usuarios nos encargaremos de poner en su lugar a quienes no se comporten.

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