El primer juicio por copiar contenidos sin autorización de la historia.

El día de San Patricio es una buena excusa para recordar el primer juicio por copia no autorizada de contenidos de la historia. No solo porque la forma en la que terminó todo permitió preservar el conocimiento que la humanidad había generado, sino por lo sorprendentemente actual que suena el debate que se generó. Esta historia comenzó en Irlanda, en el siglo VI D.C .

Un chico muy especial

Si tuviera una lista de personas con la cuál jamás discutiría, el futuro San Columba estaría a la cabeza.  Su nacimiento había sido profetizado por tres de los santos más grandes de Irlanda; Patricio, Brígida y Mochta. Un ángel se le apareció a la futura madre para asegurarle que su hijo sería un líder de la Iglesia muy importante. 

Se cuenta que tenía una naturaleza grande y generosa, que era muy inteligente, bueno en los deportes , pero que tenía muy mal carácter.

Estampa de San Columba de Iona.

Con una falta de originalidad pasmosa, sus milagros consistían en convertir el agua en vino, curar enfermos y resucitar a un muerto. Tal vez para que no lo acusaran de plagio, también mató a un asesino solo con maldecirlo en lugar de caminar sobre las aguas o multiplicar panes y peces. 

Aunque nació destinado a una educación eclesiástica, Columba no descuidó su formación política. Con la ayuda de un bardo (que eran los influencers de la época) conoció la cultura, el folklore y la realidad política de su país además de cómo se conseguía y usaba el Poder. Los bardos tenían conocimientos de técnicas de marketing y relaciones públicas siglos antes de que esas disciplinas se inventaran, y eran capaces de levantar o destruir la reputación de los poderosos con sus cuentos, mitos y leyendas. El futuro santo las aprendió y decidió usarlas en beneficio de la Iglesia. 

La situación de la Iglesia Católica en Irlanda no era fácil. Los druidas, sacerdotes de la antigua religión pagana, no estaban dispuestos a renunciar a su influencia sobre el pueblo. Y el rey trataba de quedar bien con todo el mundo. Columba decidió que había que inclinar la balanza de una vez. 

Ordenado sacerdote a los 25 años, consagró los siguientes 15 a la creación de monasterios en todo el país. Eso requería negociar con los jefes de los diferentes clanes que en muchos casos eran hostiles al catolicismo.  Su creciente influencia, su éxito, y su pertenencia familiar a uno de esos clanes le fueron granjeando enemigos y sentaron las bases para el juicio por copia no autorizada de contenidos y para una guerra en la que morirían 3000 personas. 

El día en que el santo perdió el juicio 

Si por su pertenencia a un clan Columba aprendió el poder de las conexiones, de su amistad con el bardo descubrió el poder del acceso a la información.  Es así que además de construir monasterios y llenarlos de monjes también se ocupó de conseguirles manuscritos para instruirlos. Manuscrito que caía en sus manos, manuscrito que mandaba a copiar y distribuir. Lo mismo hacían sus seguidores. 

No es de extrañar que cuando su mentor, un monje llamado Finnian, consiguió una copia de La Vulgata, decidiera ir a verla y copiarla a toda costa. Después de todo la Vulgata era una traducción de la biblia hebrea y griega realizada por San Jerónimo en el siglo IV, y escrita en un latín vulgar lo que la hacía más fácil de entender y difundir.  

Finnian no era tan partidario de la difusión libre del conocimiento, creía que como propietario debía controlar a quién se le mostraba el ejemplar. 

Se cuenta que a mediados del 550 D.C  un joven monje vio que salía luz de la iglesia, cuando se asomó para ver qué pasaba, vio a Columba copiando la biblia con una mano mientras se alumbraba con una luz que salía de la otra (tengo que reconocer que ese milagro es original) 

Finnian esperó que su ex alumno terminara la copia para pedir que se la entregaba. Al negarse Columba acordaron recurrir al Alto Rey de Irlanda y su corte en Tara para que arbitrara. 

No fue una buena decisión por parte de Columba. Confiado en que su causa era justa y en tener cierta influencia con el monarca, no supo tener en cuenta los recelos que su ascenso había despertado y que el paganismo todavía seguía siendo poderoso. 

Ante el tribunal, Finnian acusó a su antiguo alumno de violar las leyes de propiedad, de abusar de su hospitalidad y confianza y de que las copias que hacían no reunían los requisitos de calidad adecuados (cualquier semejanza de esto último con lo que dicen los medios de comunicación tradicionales de las redes sociales es pura coincidencia) 

La Vulgata, una traducción de la Biblia al latín, fue el origen de la controversia.

Resulta interesante citar la respuesta de Columba 

“La afirmación de mi amigo busca aplicar una ley vieja a una nueva realidad. Los libros son diferentes a otras posesiones y la ley debería reconocerlo. Hombres instruidos como nosotros, que han recibido un nuevo patrimonio de conocimientos a través de los libros, tienen una obligación de difundir ese conocimiento, copiando y distribuyendo esos libros a lo largo y ancho del mundo. No he arruinado el libro de Finnian al copiarlo. Todavía tiene el original y el original no es peor por haberlo copiado. Tampoco ha disminuido en valor porque hice una transcripción. El conocimiento de los libros debe estar disponible para cualquiera que quiera leerlos y tenga las habilidades o sea digno de hacerlo; y es una equivocación intentar ocultar ese conocimiento, o dificultar el acceso a las cosas maravillosas que tienen esos libros. Está mal que se impida a personas como yo que los lea y haga múltiples copias para distribuirlas o lo largo del país. En conclusión, pido que se me permita seguir copiando el libro ya que actué por el bien de la sociedad en general, y ni Finnian ni su libro sufrieron daño alguno. 

Haciendo enojar a la persona equivocada

El rey Diarmaid no estuvo de acuerdo, y sentenció que así como el ternero pertenece al dueño de la vaca, la copia pertenece al dueño del original. La sentencia le fue sugerida por su máximo consejero en temas judiciales; un druida. Es decir alguien que tenía el mayor interés en impedir que la biblia cristiana se difundiera. Aunque Columba no se tomó demasiado bien la resolución, la cosa podía haber quedado ahí de no ser por un asesinato accidental.

Durante un torneo, el hijo del jefe de uno de los clanes mató al hijo del mayordomo jefe de Diarmaid. El joven fue a pedirle asilo a Columba quién se lo concedió. 

En circunstancias normales, el asesino podía salvarse del castigo compensando a la familia. Pero Diarmaid tenía miedo de Columba y sus relaciones con clanes muy poderosos. Temiendo que se aliara con ellos y con el padre del asesino para atacarlo, decidió penetrar en la iglesia y ejecutar al protegido de Columba.

El resultado fue justo el contrario de lo que quería lograr. Columba juntó a los clanes opositores a Diarmaid y lo derrotó en la batalla de Cooldrummond, en la que murieron 3000 personas.

Aunque logró que la Iglesia triunfara sobre el paganismo, y garantizó su derecho a hacer copias y difundir el conocimiento, sus colegas pensaron que había ido demasiado lejos. En un sínodo lo excomulgaron, aunque posteriormente dieron marcha atrás a cambio de que fuera a Escocia a ayudar a la difusión del cristianismo y conseguir tantas conversiones como muertos había causado la batalla.

Fue su trabajo en Escocia lo que garantizaría su acceso a la santidad. Pero es por lo de Irlanda que todos los amantes del código abierto estamos en deuda con él.  

Fuente

Corrigan, Ray (2007). Colmcille and the Battle of the Book: Technology, Law and Access to Knowledge in
6th Century Ireland. In: GikII 2 Workshop on the intersections between law, technology and popular culture at
University College London, September 19th, 2007, 19 Sep 2007, London, UK.

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Autor: Diego Germán Gonzalez

Autor de contenidos relacionados con el managment, la productividad personal y la tecnología.

2 comentarios en “El primer juicio por copiar contenidos sin autorización de la historia.”

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