Reflexiones de fin de año

En un portal sobre tutoriales me encontré con esta anécdota contada por Jennifer Marsman:
“Hay una gran historia acerca de una universidad que, cuando construyó sus campus, no creo un solo sendero para caminar. Simplemente sembraron áreas de césped y esperaron.

Un año más tarde, el pasto se desgastó en donde la gente caminaba más frecuentemente. Así que es en donde la universidad construyó las aceras.

¡Tiene todo el sentido! Las aceras estaban exactamente donde la gente andaba.”

Lo que es válido para las aceras puede aplicarse a las estrategias de marketing y a las leyes. Muchas veces en lugar de decirle a la gente que hacer hay que dejar que sea ella la que nos guíe.

Internet demostró que la gente quería un nuevo modelo de acceso a los contenidos culturales, un modelo donde no importaba tanto la calidad como si la variedad y el costo. También se hizo evidente que también hay un sector dispuesto a pagar por una experiencia especial como las películas 3d.

Lo lógico hubiera sido que la industria y los creadores le dieran al público lo que pedía y en último caso que el Estado como gestor y responsable último de la economía de un país los obligara a adaptarse. Asfaltar encima del camino indicado por la gente

Pero no, tanto creadores como industriales y políticos han optado por obligarnos a ir por donde ellos quieren como si fuéramos un rebaño. Ayer Leopoldo Federico de la Asociación Argentina de Intérpretes anunció que seguirán dando lucha por el canon digital, hoy se aprobó la ley de cierre de webs sin juicio previo en España y próximamente si la reacción popular no alcanza tendremos que tomarnos la Sopa.

La historia enseña que el avance científico y técnico no pueden pararse. Pero si demorarse y lastimar a mucha gente en el camino. Las vetustas industrias discográfica, audiovisual y editorial tendrán que transformarse. La pregunta es ¿a que costo?

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