Alternativas de financiamiento al software libre: El plan Scanlon

Una de las cosas que más nos cuesta entender a los seres humanos es que por el hecho de que uno no pague por algo no significa que sea gratis.

Veamos el caso del software libre, el costo no económico de desarrollar una aplicación es el mismo sin importar la licencia. Es decir, un ser humano puede escribir una determinada cantidad de líneas de código por día, las líneas de código necesarias pueden variar según las prestaciones y la habilidad del programador pero aún así se cuentan por millares, se cometen errores y hay que detectarlos, hay fallas mecánicas en el hardware, problemas personales. Etc
Tampoco hay que olvidar que mucho del trabajo de desarrollo en el mundo del código abierto es voluntario y que esa gente tiene que vivir de algo a lo que le dedica la mayor parte de su tiempo productivo.

En otras palabras, la manera de hacer aún mejor al software libre es tener más gente con dedicación exclusiva y eso inevitablemente necesita dinero. ¿De donde sacarlo?

Una buena alternativa es el plan Scanlon.

En 1937 Joseph Scanlon, funcionario de un sindicato metalúrgico, propuso la participación de los trabajadores en la búsqueda del aumento de la productividad y de la reducción de costos. Por cada mejora en el rendimiento económico lograda a partir de una sugerencia de los trabajadores ellos recibían una parte.

Bien, supongamos que una empresa debe adquirir 10 licencias de Microsoft Office y que cada licencia cuesta por decir algo 100 pesos. Al usar LibreOffice se está ahorrando 1000 pesos. Por poner un ejemplo si esta empresa dona el 10% de esa cantidad a The Document Foundation aún sigue siendo un ahorro significativo.

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